
Capitulo I.- Vómitos y flores.
Corría el año 1987, El presidente Augusto Pinochet Ugarte llevaba 14 años como presidente de Chile.
Francisca Mariana Tapia Orellana, una joven madre de tres niños, acababa de terminar con su cliente favorito y se disponía a arreglar la cama para atender al señor Pedro del Monte, un ejecutivo que siempre que la visita le lleva algún “engañito”. Ese día el viejo llegó con un perfume Benetton, delicioso. Al final del día, con el único hijo que conservó y su pololo de turno decidían que hacer con el próximo bebé que venía en camino.
La criatura se movía como si quisiese arrancar las entrañas desde la existencia de la madre, casi como un tumor cancerígeno que carcome los tejidos, vestido con el temor de abortar durante nueve meses.
Francisca no dejó nunca de trabajar, lo curioso es que cada vez que terminaba con un hombre corría al baño a vomitar el semen que tragaba. Con la panza de 7 meses y entre humo de cigarros el padre del nonato golpea a su mujer, de la cuál no vuelve a saber más. Sí, tenía costumbres muy extrañas.
Francisca es la hija menor de 7 hermanos nacidos en la comuna de Santiago, sus padres dieron todo por ellos y la educación de cada hijo, trabajaron arduamente para poder pagarles un colegio a todos y darles una buena crianza, modesta pero buena. Francisca fue la excepción a la regla, a sus 15 se metió en problemas de drogar y ya a los 18 comenzó a prostituirse. Ahora con 23 años no piensa dejar el negocio.
Pasaban los meses y la horrible espera para expulsar aquel tumor de su existencia se hacía cada vez más tediosa, incluso un día trató de acelerar el proceso golpeando repetidas veces su vientre, no consiguió más que escupir en sangre cada golpe que se dio.
La primera mañana de primavera nació la criatura, eran las 4:25 de la mañana y dejó sonar el primer alarido. En contra de Natura, la madre repudió a su bebe. La asistente social venía con los papeles sobre una estúpida tablita café con una gran pinza metálica que los sujetaba.
Firme aquí, aquí y aquí y por favor…deja de traer bebés.- Dijo la señorita.
De vuelta en casa y con la bebe en brazos Francisca retomó su oficio. Camila, era el nombre de la pequeña, desde que nació duerme en el suelo de tierra en una cajita de cartón sobre diarios para aislar el frío.
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