
Nupcias
Estrepitoso coro de monjas submarinas
en acordes de jadeo mayor y agitación menor.
Un sacerdote libidinoso
saborea el busto de la novia.
El pretendiente con su puta en los saquillos
amantes lamiendo las suelas de los zapatos
y apariciones del crepúsculo anterior
palpando su entrepierna.
La prometida, una virgen embozada
acicalada con un blanco suburbial
velo de abortos clandestinos y humedad
maquillaje de sangre coagulada
y cortes de locura.
Un vestido desgarrado por la desilusión
y el adulterado sueño de un “puede ser…”
¡Oh días pretéritos! Felicidad frívola.
Cómo duele tropezar de los sueños.
Padrinos e invitados en repulsiva saturnal,
una nube de clímax desfigurada
por incensarios con peste a sexo.
Perros callejeros meando el sagrario.
Un carruaje fúnebre les espera
Con un parachoques con huesos corroídos pendidos.
¡Que vivan los novios,
tírenles astillas y vean como se clavan en su carne!
Estrepitoso coro de monjas submarinas
en acordes de jadeo mayor y agitación menor.
Un sacerdote libidinoso
y una doncella lengüeteando su tiesura.
Festejen ahora la defunción de Sueño y Esperanza
agraciada pareja
inhumada en el olvido
como debe ser.
(Nunca más, nunca más…)