Labios partidos.
Sobre el caliente fluído
se derraman mis molices,
un perfecto espacio,
vacio siniestro
Alzo la mano
y penosa cae en la nada.
Mi terror más grande
“La hora de las pesadillas”
Que el sudor impío
se evapore en mi almohada
mientras caricias húmedas
recorren las cicatrices de mis brazos
Vomitando sobre la lengua
arranco la carne de las uñas
y mi boca partida
suplica indiferencia en sal.