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Memoria
Los pétalos se destrozan con la brisade un mar negro y tempestuoso
como una danza elegante
que no soy capaz de bailar.
Las manos doloridas sujetan,
inútiles, el abrazo de la cuna
que una madre, o la otra,
olvidó devolver la suavidad.
Jamás la piedra escucha el llanto
de la boca amoratada de ira
y las piernas, como duros hierros,
buscan el calor que el cuerpo perdió.