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Reflexión destacada.

...fue capaz de susurrar sus propias palabras al oído, aunque a veces el murmullo se transforme en un grito desesperado.

martes, 5 de abril de 2011

Azafata.


Azafata

Bajo un árbol me ahogaste,
solía columpiarme allí.
Sé que se oculta en tus bolsillos,
conozco el olor del cansancio.

Me engañaste vestido de escolar,
y yo con blusa amarilla.
Marín y tres por sólo nueve.
Pérjuro, volviste.

Del pelo ingerí el castigo,
y la rabia hervía a borbotones
mientras mi garganta chorreaba.

Pechos violáceos.
La mano de mi padre cae furiosa.
Aparece la tuerta (ya te extrañaba Josefa amada)
y el conejo me hace mimitos con el peluche ensangrentado.

Duerme tranquila, niña,
tu cuerpo es sagrado
y los tentáculos quemarán
la memoria infesta.

Te castro con mis oídos
y sobre alas de crital
recorro parís.


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