LargoEfluvio fugáz
recorres lo abisal,
amalgama de odio
guarda el secreto.
Artilugio de poetas,
voces en coro
componen la obra,
un preludio hermoso.
Entre letras,
raccontos y metáforas
se ahoga la ira
que carcome.
Corrosión subcutánea
fusionada con pulseras
rojas y calientes
adornan el ser.
Demacrado y enajenado
el maldito entendimiento
carga su cruz a la locura.
Entre la una y la otra,
las caretas se mizturan
en pozas de drogas...
Psicotrópico exquicito.
Vanal razonamiento
del espectador vacío
satura con éteres
los cuerpos rohídos.
Cerdos famélicos
y perros de terciopelo
fijan la mirada
en los pies del tirano.
Copas de vino
y eruptos de banquete.
Una virgen al piano,
mientras un enano la posee.
¡Monstruosidades!
Y mujeres ardientes
se retuercen
a la luz del reflejo
de la vajilla de plata.
La otra que escribe
duerme, mientras
la que no duerme
se corta.
Yagas infectas
emanan gases,
perfumados,
junto a jasmines.
Deseo palpitante
de lo incorporeo
extraña el amor distante
de manos en contraste.
Un recuerdo se posa
sobre la frágil cabeza.
Camuflado en nubes
y tonadas clásicas.
Voz silenciada
por la mano furiosa
quema los labios
cuya sangre brota.
Unidad hipócrita
se figura
ante una vieja
neurasténica.
Deseos con piel
y pusaciones suicidas
descanzan en las venas
que el cuerpo llenan.
Entre océanos y mares
circunda la esencia
de esta mascarada
embriagada en Gin.
Dulces bocados
sentencian el destierro,
exhilio voráz...
Locura tenáz.
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